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| Adolfo Bioy Casares (15/9/1914-8/3/1999) |
No sé si está bien que, para recordar a Bioy,
quien hoy cumpliría 98 años, adjunte una de las cartas de amor, de la
abundante correspondencia amorosa que mantuvo con Elena Garro a lo largo
de dos décadas (1949-1969). No lo hago por morbo, ni
por chismosa -debo admitir que leer correspondencia ajena es algo que
siento vuelve a la gente indigna, aunque esa correspondencia haya pasado
a ser de dominio público-, sino porque la carta en cuestión, además de
conmoverme hasta las lágrimas, me abrió la puerta a una nueva
comprensión de Bioy (que ya estaba casado con Silvina Ocampo) y a la
esencia femenina de Elena. Mucho sabemos de él.
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| Elena Garro (11/12/1920-22/8/1998) |
De ella sólo diré que fue una escritora
mexicana, que se casó con Octavio Paz, que sufrió la sombra de su
genialidad -aunque no se privó de decirle sin cuidar las palabras todo lo que pensaba de él y de su obra-, tuvo una hija con él y se divorció de él en 1959; en 1968, un
año antes de terminar su relación con Bioy y a raíz de la masacre de
Tlatelolco, la prensa manipuló sus declaraciones en las que ella
supuestamente declaraba contra varios intelectuales mexicanos a los que
responsabilizó de instigar a los estudiantes, para luego abandonarlos a
su suerte; dichas acusaciones le ocasionaron el rechazo de la comunidad
intelectual mexicana, lo que la llevó al exilio durante veinte años; su
obra toca temas como la marginación de la mujer, la libertad femenina y
la libertad política y su figura literaria ha llegado a ser un símbolo
libertario.
No los distraigo más en esto y vamos con la carta:

"Mi querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías
del barco y no volví a Víctor Hugo[1]. Sin embargo, te quiero más que a
nadie... Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando
que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero
y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el
pasaporte[2]. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con
adoración a Helena[3]. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que
si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz.
Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté
sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y
también en mí y en cómo vamos perdiendo todo.
Te digo esto y en
seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna
conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con
melancolía; de todos modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por
favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas
diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la
correspondencia... Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que
nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos
cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos
queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes
demasiado...
Me gustaría ser más inteligente o más certero,
escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo
amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a
ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que
me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me
deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te
beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades".
[1]Victor Hugo 199, domicilio en París de la familia Paz-Garro.
[2]Bioy llevaba en su equipaje dos recuerdos: un zapato y el pasaporte
de Elena. (Después, Garro le pediría que le devolviera el pasaporte).
[3]Helena Paz, hija de la escritora con Octavio.
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| SilvinaOcampo (28/7/1903-14/12/1993) |
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| Octavio Paz (31/3/1914-19/4/1998) |
Espero que esto los anime a ahondar en las vidas de los cuatro
escritores en cuestión, releerlos o leerlos por primera vez teniendo en
cuenta las fechas de sus obras y vinculándolas con sus estados de ánimo y
sus contingencias. Después de todo, la obra de un artista y el modo en
que cambia en algo al mundo, es la expresión de lo que pasa en su alma.
Tomemos el té de las seis con ellos. Salud!